Otto René Castillo (1936-1967), poeta guerrillero capturado en la Sierra de las Minas con Nora Paiz, su amor, también combatiente, y quemados vivos el 17 de marzo de 1967, durante el gobierno de Méndez Montenegro.
De aquel combate según se cuenta sólo salvó la vida el legendario Pablo Monsanto. Vivió 31 años.
Dio a su pueblo su canto y su vida. ¿Qué más puede dar un poeta?
Luis Cardoza y Aragón
Creo
que duele menos
estar solo
con tu recuerdo,
bajo este cielo
duro,
bajo este viento
espeso,
bajo miradas
agudas
que preguntan:
"¿Por qué sufren
tus manos
en las tardes'?
"¿Por qué no vienes,
sin la hoguera
de su pecho
lejano,
y te diviertes
con nosotras?"
Poder
asirse el alma
sería eso.
Y renunciar
para siempre
al sitio
donde me espera
el viento
acariciando tus cabellos.
Lo sabes.
Contigo
no me cabe el mundo
en las venas.
Pero sin ti
soy demasiado pequeño,
para esta calle
de labios grises.
Créeme, tu ausencia quema,
alma mía.
Y tu recuerdo duele.
Ahora soy, por ejemplo,
el esqueleto
de una casa incendiada,
que se duele
en el fondo de la ceniza.
Y grito: "Llevadme llamas
con vosotras, a cualquier parte.
No me dejéis ardido
de escombros.
Llevadme, en vuestros lomos,
porque me duele
el calvariento recuerdo
de los pájaros que cantaron
en mi techo, por las tardes."
Y solo pasa el humo,
frente a mis manos
que claman sin escuchas.
Así todos los días
amante mía.
Créeme, pero me duele
más tu recuerdo,
amor mío,
que mi vencida soledad.
Creo
que duele menos
estar solo
con tu recuerdo,
bajo este cielo
duro,
bajo este viento
espeso,
bajo miradas
agudas
que preguntan:
"¿Por qué sufren
tus manos
en las tardes'?
"¿Por qué no vienes,
sin la hoguera
de su pecho
lejano,
y te diviertes
con nosotras?"
Poder
asirse el alma
sería eso.
Y renunciar
para siempre
al sitio
donde me espera
el viento
acariciando tus cabellos.
Lo sabes.
Contigo
no me cabe el mundo
en las venas.
Pero sin ti
soy demasiado pequeño,
para esta calle
de labios grises.
Créeme, tu ausencia quema,
alma mía.
Y tu recuerdo duele.
Ahora soy, por ejemplo,
el esqueleto
de una casa incendiada,
que se duele
en el fondo de la ceniza.
Y grito: "Llevadme llamas
con vosotras, a cualquier parte.
No me dejéis ardido
de escombros.
Llevadme, en vuestros lomos,
porque me duele
el calvariento recuerdo
de los pájaros que cantaron
en mi techo, por las tardes."
Y solo pasa el humo,
frente a mis manos
que claman sin escuchas.
Así todos los días
amante mía.
Créeme, pero me duele
más tu recuerdo,
amor mío,
que mi vencida soledad.
Otto René Castillo
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| Estábamos tan lejos el uno del otro. Mares había entre nosotros, montañas y agua. |

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